lunes, 6 de octubre de 2014

Poco se habla de los que hacen resurgir tu mundo día a día.

De esas personas que siempre han estado ahí y que te han visto en tus mejores momentos y en los peores. Esas que te llenan la copa cuando ves el vaso medio vacío y te quitan la botella cuando estás al borde del abismo.
Las personas que te miran y te dicen lo preciosa que eres, lo bonitas que haces que sean las calles cuando pasas. Los mismos que te despiertan a besos y un dulce "Vamos... a la cama..." cuando te quedas dormida en el sofá viendo una película.
Poco se habla de cómo su abrazo puede hacer que todos los problemas se olviden o de cómo un sólo beso sencillo puede hacer que te invada una paz increíble por dentro.
Sus bromas, sus cosquillas... son la llave para liberar cualquier miedo.

Y qué decir de cuando cuenta sus movidas y tú no puedes entender por qué le han roto tantísimas veces la sonrisa esas historias tan jodidas, e intentas ser una payasa, cómica, estúpida, absurda... para sacarle una sonrisa al fin y al cabo.
Poco se habla de las personas que son verso, poema, poeta y que no son Madrid, ni Barcelona, ni París, porque son hogar, refugio, sonrisa.
Poco se habla de los que te sacan a bailar bajo la lluvia, bajo el sol en pleno Agosto, y bajo las estrellas de cualquier cielo. De esos que saben cuál es tu comida favorita y de qué color te gusta pintarte los labios.
Personas que harían cualquier cosa por ser armazón y que nunca te hirieran. Los que son la barra de un bar un viernes cualquiera, la copa, el alcohol, la fiesta, los "Joder, gracias por estar ahí" y la mañana siguiente, la resaca, el dolor de cabeza y el Ibuprofeno seguido de un abrazo.
Resucitar en un abrazo después del dolor en el pecho, un abrazo de esos que hacen crujir los huesos y que te falte el aire.
Poco se habla de las personas que escuchan siempre los versos de otros para otros y que en realidad son los que reconstruyen siempre el poema.

Por eso te he escrito esto, a ti, que siempre me has puesto los pies en el cielo, que me enseñaste que soñar se puede también con los ojos abiertos. Me dijiste que el amor no entiende de kilómetros y me demostraste que el amor es una locura en la que loco y loca, no encuentran, ni quieren encontrar la cordura. Me has dado tanto que incluso la poesía se queda corta. Y sí, ya sé que dices que soy un desastre monumental, que pierdo el mando en la mayoría de las situaciones, eso de: "Joder, pequeña, cómo la has liado...". Pero también me dices que soy preciosa y que tengo un corazón que no me cabe en el pecho, que lo hecho, hecho está y que tire pa' lante. Porque tú me llevaste a la azotea de tus pestañas para que dejase de sentirme tan pequeña y gritara que no le tengo miedo a nada. Me agarraste de la mano al cruzar la calle y me regalaste flores el 15 de Febrero para que me sintiese especial y flor entre tanto capullo.

A mí que no me jodan, poesía eres tú, diga lo que diga, o que quiera o intente decir Béquer.

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