Voy a apagar la luz porque no quiero verme.
Cada día me preguntan cuándo voy a madurar. Mi idea es nunca.
De verdad, no te empeñes, que la vida pasa factura, y se nota.
¿No lo notas? Mira, anota esto:
Hoy, en el coche, he estado pensando en el futuro, ¿y cuándo no? Me pregunto dónde irán a parar todos aquellos presentes que se sacrifican por mañanas...
Me monto en el coche, quito el seguro, arranco, marcha atrás, intermitente y salgo. Quince minutos de viaje, poca música y muchas ganas de escucharme. Quito el volumen y me doy al play.
Divago, pienso en alto, hablo con mi HOY, con esto cuerpo que vive (dice) el momento, pero que vive (de lleno) atormentado. Una tormenta sin nombre o quizás con demasiados, una tormenta sin calma o quizás con demasiada, una tormenta (creo) de la nada. El caso es que entre kilómetros aseguro en voz alta la suerte que tengo te tener mi entorno. Cuando encuentras al amor verdadero sabes que es él, pero si tienes a alguien al lado y todavía sigues preguntándotelo... sal de ahí, justo por donde dice emergencia.
La cabeza se supone que debe saberlo... lo sabe con certeza, porque automáticamente llega una persona, se instala en tus días y te hace querer cosas que antes no querías. Llega una persona y te reconcilia con la vida. Sin avisos, sin correos, sin tecnología, a plena mirada, de lleno, te llena.
El tiempo para no sabe cómo vivir puede ser un respiro o un suspirar constante. Un "me falta el aire" que nunca llega, una vida echada a perder o un perder la vida antes que echarme y rendirme. Es tan difícil gestionar un tiempo limitado... Es tan complejo cuidar y nutrir los vínculos para que no se sientan estancados... A veces, pienso en por qué los seres humanos nos empeñamos en adaptarnos a otras vidas. Es tan jodidamente complicado cuidar una planta que... Dios, malditos viveros, ¿cómo lo harán para hacer que el resto caigamos en la trampa de querer ser como ellos?
El corazón nunca entenderá cuánta luz hay que dejar entrar, pero cómo vamos a saberlo, si cada vez que nos paramos a pensar, tenemos algo a mano para cubrirnos del incendio.