martes, 11 de febrero de 2014

El animal dentro de mi

"Recuerdo como si fuera hoy cuando alguien me dijo:
- ¿No deseas poder ser feliz en todos los aspectos de tu vida? ¿No tener que aceptar nada que no te agrade? ¿Sentir que la vida es controlada por ti en lugar de ir a rebufo de ella en el vagón 23? 
No respondí... Sólo resoplé, resonó un montón de aire saliendo de mi nariz y apareció mi diente roto tras una sonrisa de esperanza.
Y no dije nada, porque cuando llevas años aceptando que tu vida es lo que te pasa y no lo que originas... Pues, lamentablemente, te acabas acostumbrando. 
Seguidamente añadió:
- ¿Conoces una vieja canción que dice “Si tú me dices ven lo dejo todo”? 
Volví a afirmar en silencio; no me salían las palabras, la emoción me tenía atrapado. Mi garganta era incapaz de crear sonido alguno. Continuó: 
- Pues siempre he creído que a esa canción le falta algo... Debería ser: “Si tú me dices ven lo dejo todo... pero dime ven”. 
Finalmente me miró y me soltó las tres preguntas que llevaba años deseosa de que alguien me hiciera: 
- ¿Quieres o no quieres controlar tu vida? ¿Quieres o no quieres ser dueña de todos tus momentos? ¿Quieres? 
Y dije que sí, el sí más alto y más potente que ha salido de mis veinte años de vida."
Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el Universo y coloca a alguien en tu vida que cambia todas las preguntas...

No es ningún secreto que soy un poco cristal y que temía salpicarte de pedazos si estallaba, pero tampoco lo es que quería que conocieras mis grietas porque prometías con caricias desarmarlas y juntarlas tanto tanto que cupiesen en el mismo abrazo...

Al final sólo hacía falta que alguien como tú me dijera "Llora, no importa. Llora cuanto necesites", para romperme de felicidad (maldita contradicción) y describir que guardo una playa en mis ojos en la que casi nadie ha sabido nadar sin ahogarse. Que sonriendo estoy más guapa aunque en una brújula de estrella aún no he me encontrado con mi dirección.

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