lunes, 28 de octubre de 2013

Todos tenemos un corazón que levantar en cada mano

Hacer-el-arte y acelerarte es lo mismo pero velozmente y este límite de 120 no tiene ni idea de pulsaciones por minuto (antes, durante y) sin verte.

Estoy cantando la canción que sonaba en mi coche cuando todavía íbamos a alguna parte y no sé dónde aparcar esta nostalgia de nostalgia. 

No sé dónde conducir toda esta violencia de pistolas de juguete que usamos para matarnos a balazos de espera, de querer volver a vernos tan pronto.

No creo en el amor desde hace tiempo, pero espero que no dejes de hacérmelo.

Estoy aquí en punto muerta porque todos mis semáforos se ponen rojos si te ven pasar.

La conclusión, el resumen: es que aún no necesito dormir contigo, pero creo que no puedo dormir sin ti.

Eso y que en las farmacias todavía no venden tu sonrisa...

miércoles, 23 de octubre de 2013

Dieciseis

Hay un chico rendido en el sofá. Preguntándose dónde estará ella ahora. Si tendrá resaca, si la estará pasando sola. Si en algún momento, en el transcurso del día, se acordará de él. 

Hay una chica tambaleándose por el pasillo. Destino búsqueda urgente de muchas aspirinas que mezclar con algo de droga y literatura. Pensando en dejar de pensar unas horas. Acariciándose moratones violetas entre las piernas. Recordando las marcas de otro. 

Hay un chico y una chica follándose fuerte con la boca seca. Desconocidos se lamen la piel donde debería haber un motivo para quererse. Y se corren mientras sueñan con correrse de vuelta a casa.

Hay una pareja a punto de hacer el amor. Lamiéndose los lóbulos de las orejas, bajo una manta. Ignorando una película de sobremesa. Acariciándose los pies. Retando al frío en su propio agosto atemporal. 

Hay un hombre mayor soñando con ser joven frente a la barra de un bar. Rezando por morir antes de descubrir que ya no podrá serlo nunca. Y una señora cortando cebolla para tener una excusa para llorar, que no sea el miedo a que él no vuelva nunca. 

Hay una madre fumando en la puerta de un hospital. Y un niño en bata blanca esperando dentro. Sonriendo porque por fin le han puesto su nombre a una pulsera. 

Hay dos amigas compartiendo helado, pijama y la ilusión de que algún domingo todo cambie. 

Hay un empresario eligiendo traje para el lunes y método rápido de suicidio para esta noche. 

Hay una camarera sirviéndose sus propias copas en una cocina. Cobrándose las noches tras la barra de labios. 

Hay una rubia en carretera preguntándole a Joaquín quién le ha robado el mes de Abril a ella. Y una morena borrando por séptima vez un "Te echo tanto de menos..." de la pantalla de su móvil. 

Hay un motivo para llorar renunciando a su puesto. Y un montón de motivos para ser felices, jugando al escondite. 

Hay un bloque de hielo en el que un día escribí "Soledad" a cuchillo. Y un montón de musas, deseando derretirme a besos. 

Hay una niña pidiéndome perdón. Jurándome que no existe. 

Hay un cielo prometiéndome una lluvia. Un tonto señalándolo con el dedo. Una idiota apuntándole con una pistola. 

Hay tanto ahí fuera que si no es mucho pedir, dejad que me quede dentro. Hay vida. algunas más dulces, otras más jodidas. Ya habrá alguien debajo de un nórdico que sea capaz de devolverme a la mía.

martes, 22 de octubre de 2013

Una ídola. Me hundí y seguí adelante

He aprendido a descubrirme, a saber quién soy. Siempre seré absurda, siempre contradictoria: la hija divertida pero problemática de mis padres, la novia obsesiva, la chica nocturna superficial, la amiga incondicional, la amante traidora, la virgen santísima, la puta reventada, la gorda anoréxica, la flaca obesa.

Juego con mis papeles: me analizo como un psicólogo, intento darme consejos como un amigo, veo películas incansablemente, me siento sola a escuchar música. Juego a sentirme alegre, a tener dolor en la tripa de tanto reírme, a sentirme diva, gorda, triste, miserable, usada y energética. A sentirme útil escribiendo esto, a sentirme inútil cuando me releo. A reírme cuando me dicen que les gusta que llore, a maldecirme porque sé que empiezan a florecer en mí sentimientos de nuevo cuando intento controlarme. A odiarme porque me encanta que sea así. A quererme cuando no me soporto y a odiarme cuando empiezo a ser yo de nuevo. A eso: ¡a sentir!. ¿Quién soy? Soy yo. ¿Cómo soy? Soy... tantas cosas....

Soy útil, fiel, inútil, inteligente, puta, alegre, obsesiva, virgen, prima, hija, amiga, amante, compañera, confidente, traidora y leal entre otras cosas. Ese es mi modo operativo, así soy: absurda. Me entiendo en mi desorden, en mi incoherencia. Soy todo, depende del día.

viernes, 18 de octubre de 2013

Modo Ironía: ON

Cómprate una vida, métete en el trabajo que puedas aunque te guste una mierda. No exijas demasiado, pon buena cara, y sé cobarde. Si te preguntan algo improcedente o que te saque de tus casillas, primero sonríe, luego inclina la cabeza y piensa "Que te jodan" antes de responder cordialmente. Hazte con la ropa que más esté de moda, aunque no te guste, y si puedes, intenta hacerte llamar fotógrafo por tener una réflex y hacerle fotos a las farolas del Retiro. Vive con quien puedas, fóllate a quien sea, donde sea. Enamórate cada lunes pero olvídate el miércoles. No des nada a menos que vayas a recibir algo a cambio. Y si te superan, písale con tus manos y no con tus proyectos. Derrocha tu capacidad concentrándote en antiguos resentimientos o pensamientos negativos; total, ya no queda nada bueno ahí fuera de lo que puedas aprender. Cámbiate de cara, de cuerpo, y de mente, que hoy en día solo hay vidas basura y comida rápida. Créete todos los anuncios, y compra la marca y no el producto. Vende al mejor postor tus bragas. Satúrate a excesos. Sal los nueve días de la semana y lígate al RR.PP. de Iberdrola.

Sueña realista y no gastes tu tiempo en esperar nada.

Dicen por ahí que el sarcasmo es "la forma más baja de humor pero la más alta expresión de ingenio", entonces irónicamente no debería preocuparme ser sarcástica.

jueves, 17 de octubre de 2013

¿Por qué follamigo, por qué?

1. Eres soltero: No tienes pareja estable, realmente ni estable ni inestable, directamente no tienes pareja. Salvo que seas un pillador nato, una rompecorazones o un crack del ligue, seguramente pasarás más de tres, cuatro... o más fines de semana, en el peor de los casos, meses, sin compartir cama con alguien del sexo opuesto o de tu mismo sexo. Tu día a día como soltero lo llevas con excelente maestría, estás orgulloso de tu brillante soltería. Pero ¡ay!, cuando llega el fin de semana, la noche, cuando todos los gatos son pardos, ese ansiado y deseadísimo Friday o Saturday night... eso ya es otro cantar. Ya no te hace tanta gracia ser el soltero o la soltera de oro. Entre otras cosas, ¡no eres Tony Manero!

2. Un calentón que quieres apagar: Esa noche sales pensando que de esa noche no pasa, que hoy pillas fijo. Quedas con tus amigas, con tus colegas, dispuesto a triunfar como la Coca Cola. Como un estratega del ligue, recorres el garito con tu mirada felina y el radar pilla cacho activado. Los cuatro puntos cardinales controlados, una "puti-vuelta" en el caso de ellas, una "ronda guarra" en el caso de ellos para hacer una prospección del terreno, tanteando el garito, viendo tus posibilidades y analizando a la competencia, buscando si eres el tipo más atractivo y simpático del bar o la tía con más tetas y mejor culo.

Una vez decidido el objetivo, intentas pillar con esa/ese en quien has puesto el ojo y la bala, los tanques y la US Army al completo. Pa'fuera telarañas, que de esta noche NO pasa. Desgraciadamente, y una vez más, tu objetivo en cuestión... pasa de ti. Un chupito, otra copa, otro baile, intentas estirar la noche. Pasan las horas y ves que tu objetivo está cada vez más lejos, se ha decantado por otro/a o ha abandonado el garito. Huele a tragedia, a seguir pasando la mano por la pared, a no pillar ni un constipado, a no comerte ni un colín. Suma un día más a tu tristísima y paupérrima vida sexual.

3. Tus hormonas empiezan a traicionarte: Tu calentón cada vez es más intenso y evidente... y el maldito reloj marca las siete de la mañana. Que ligues ahora es ciertamente misión imposible. Es una hora clave, a esas horas tienes dos opciones. La primera es seguir intentándolo. Seguramente tu estado etílico será considerable y tu estado físico, mental y verbal lamentables, a lo que se suma que tu capacidad de resolución sexual seguramente sea igualmente nula.

Estás en un estado de alarma, un estado de sitio, un SOS en toda regla. ¿Cuál es la segunda opción? Aquí es cuando entra en escena el motivo de mi análisis, el follamigo.

Una llamada picante, sugerente y disfrazada de ingenuidad, así como "quien no quiere la cosa". Desesperado/a cruzas los dedos para que tu follamigo escuche tu llamada de ¡EMERGENCIA! ¡¡BINGO!! Descuelga el teléfono, y si ha corrido la misma suerte que tú, o mejor dicho la misma mala suerte, estará 100% disponible, y como un roto para un descosido, como Zipi y Zape, como Pin y Pon, como los amantes de Teruel os iréis felizmente de la mano a la cama.

Teniendo en cuenta la hora y tu/su/vuestro estado etílico, es muy probable que el polvo no sea lo que esperabas, ni de lejos. Es más, de hecho es más que probable que el polvo sea nefasto, pero... ¿quién dijo que el sexo con un follamigo fuera perfecto?

miércoles, 16 de octubre de 2013

El amor no sube a la cama

Me gusta conocer a las personas. No sólo su apariencia, con ello no me conformo. Quiero ver lo que hay dentro de cada una de ellas. Conocer sus miedos. Sus sueños. Que se dejen conocer. Dejarse conocer. Inspirar confianza sólo con la mirada. Decir con los ojos que saben guardar miles de secretos. Me gusta hablar de todo, desde lo más cotidiano hasta las anécdotas más estúpidas, y utilizar mis pensamientos más profundos. Creo que soy de ese tipo de personas que ves y dices: "Puedo confiar en ella, quiero confiar en ella". No me oculto bajo máscaras. Transparente. Me muestro tal y como soy. Muestro indiferencia a los indiferentes y aprecio a quien me valora. También afirmo que hay cosas que no están hechas para mi...

Me hace mucha gracia, me parto y me mondo con el neologismo follamigo, vamos, el amigo "con derecho a roce" de toda la vida que se usaba en los 90.
Un follamigo es básicamente un amigo/colega con el que se practica sexo sin compromiso. Punto pelota. Hasta aquí está claro. Claro no, clarísimo.

Yo soy la primera que no puede negar la evidencia del buen servicio que presta un amigo con derechos. Los hay de muchos tipos y con distintos grados de confianza: de los que te sirven para una noche loca, con los que puedes hablar, a los que llamar en cualquier momento del día, los que te llaman en cualquier momento del día, ex-novios insistentes, etc.

Cada uno se monta sus relaciones, sus líos, sus amantes discretos, triángulos o cuadrados o polígonos amorosos con más vértices que en la clase de matemáticas, donde nadie sabe dónde acaba o dónde empieza ese intercambio de fluidos que es la vida. Al follamigo no se le exigen explicaciones: sólo sirve para la urgencia, para el deseo, para una noche de amor anónima, libre de sentimientos, libre de preocupaciones, sólo sexo; sexo y una charla casual entre amigos. Parece simple ¿verdad? Pues no lo es.

No olvidemos las desventuras, contraindicaciones y putadillas varias que suelen aparecer en forma de daños colaterales en una relación follamistosa.

Disculpad mi tosca ironía, pero de toda la puta vida, el roce hace el cariño. Los más románticos opinan que un polvo es un polvo, y que dos ya son una relación. Hay otros que afirman que si se repite es por algo... Otros sin embargo, los más prácticos, piensan que el sexo es sólo sexo, y por lo tanto un follamigo es sólo un follamigo. Pero independientemente de las distintas opiniones, pensemos como Aristóteles: "La única verdad es la realidad", y la realidad aquí es que 1 polvo es 1 polvo y 1 polvo + 1 polvo siempre serán 2, ni más ni menos, ni menos ni más. Pero eso sí, salvo que se tengan las cosas excesivamente claras, seas una femme fatale o un latin foller, insisto, el roce hace el cariño.

El mismo olor, la misma voz, el sabor de siempre, la piel de siempre, los mismos brazos, la confianza en sí pueden engañar a tu cerebro, implicarte más de la cuenta y hacer que te montes tu propia película de ciencia ficción. En las relaciones follamistosas no hay domingos por la tarde, y si los hay no son como te imaginabas o desearías. No hay paseítos cogidos de la mano, no hay planes de sofá, manta viendo alguna peli injustamente olvidada de Billy Wilder, no hay besitos ni cariñitos. JUST SEX.
Como mucho, fumáis el cigarrillo a medias…, eso no se le puede negar ni a tu peor enemigo. Pero si eres de los que quiere algo más, si eres un desastre emocional... quizás sea mejor que lo pienses antes de lanzarte al excitante y peligroso mundo de las follamistades.

¡Pero cuidado! Puede ocurrir, aunque en el menor de los casos, que sorprendente y a pesar de que los dos lo tengan muy claro, una relación follamistosa evolucione hacia una relación. Créeme, torres altísimas he visto caer, auténticos bloques de hielo que negaban sentimiento alguno hacia su follamigo, y que por arte de magia han caído fulminantes en las temidas redes de Cupido y ahora celebran el día de los enamorados con flores, cena y toda clase de parafernalia.

Me despido con esta frase:
"No digas de este agua no beberé, este cura no es mi padre o esta polla no me cabe."
Continuará, porque este tema me ha dado que pensar…

¡Feliz sexo!

martes, 15 de octubre de 2013

Lo que realmente necesitas

Que algo se rompa, no significa que el mundo vaya a romperse. Que no esté en tus próximos planes, no significa que te estés equivocando al creer que estás escribiéndolo rápido y con mala letra. Que estuviese escrito desde hace muchísimo tiempo, no implica que ya no se pueda escribir nada más, aunque no encaje con el argumento. Y aunque borrar con una goma algo que está escrito con bolígrafo, sólo parezca que vayas a romper un papel, qué mas da, hay más folios. 

¡No te asustes de las emociones! Quédate con las pequeñas historias que te dieron un chute directo al corazón, y no con las que te impidieron dormir. Pequeña, es increíble el miedo que le tienes a los mínimos roces, a ese instante de "compromiso", por quedarte pegada a una nueva mirada...

Échale la culpa a la vida, que es la que quiere hacerte sentir. Y aunque te secuestre en un callejón sin salida, siempre va a quedar libre de cargos y se va a salir con la suya. Aprende. La única encarcelada seras tú si no confiesas, si te mantienes en silencio seras cómplice de no sentirte viva. ¿Dime qué consigues restringiéndote a ti misma?

Si te aferras a la costumbre, acabarás acostumbrándote a la sensación de que salir mal parada es lo normal, de que dar sin recibir nada a cambio constantemente es lo normal. Te acostumbrarás a los encandilamientos, a las palabras bonitas que terminan en palabrería barata (adoro éste término), a las carencias, a las malas contestaciones y a los malos finales. Si no te atreves a meterle mano a la libertad por miedo a perder el hábito, si no te atreves a pensar en ti misma y no en los demás, perderás todas esas cosas que no son lo que te faltan desde hace un tiempo, si no lo que realmente necesitas.

Te voy a demostrar que no es pecado improvisar. Nada es demasiado grande para no poder abarcarlo, podrás salir de muchas maneras, pero deja que fluya, porque significa que lo has hecho, ¿y qué importa que salga mal? Saborearás emociones, el tacto con tacto, el impulso de ir a buscar algo que deseas sólo porque lo sentiste en ese mismo instante.

Aprende que quien no tiene tiempo para ti, no merece tu tiempo. Aprende a no creer en el amor, ni en los "para siempre", ni en las promesas de "algún día". Limítate a creer en los ratos compartidos, esos que se quedan y llenan.

Pregúntate qué demonios es lo que quieres hacer y con quién quieres hacerlo. Aléjate de todo lo que te haga mal y asume que las cosas, al igual que las personas, no cambian, evolucionan.

domingo, 13 de octubre de 2013

Términos y condiciones de uso

La gente va desapareciendo, ¿sabéis?, pero en eso no hay nada que hacer. No podemos cambiar las reglas en un mundo que ni siquiera hemos creado. De hecho, es lo primero que aceptamos al nacer; marcamos la casilla de "He leído las condiciones y términos de uso", pero que va. Nadie las lee, ni siquiera las aceptamos, esas reglas que vienen implantadas por naturaleza...

Una de las reglas habla sobre el amor. Dice que no hay ni tenemos porqué tener ese gran amor de nuestra vida, ni medias naranjas, ni limones, ni mandarinas. Que no tiene porqué haber esa persona que esté dispuesta a querernos y a apoyarnos contra viento y marea. Que no es malo tropezarse con una piedra, lo peor es cogerle cariño a la dichosa piedra...

Hay otra regla que habla sobre el talento. Dice que no sirve de nada el talento sin disciplina. Que trabajes, que trabajes y que te mates a trabajar. Sólo tú decides si sigues o si te caes al suelo. Que no existe la palabra fracaso. Que sólo existe aprendizaje y éxito.

Otra regla habla sobre la felicidad. Nos viene a dejar entender que la felicidad no es una meta, que no es el final de un camino, si no todo el recorrido que hemos hecho para llegar hasta nuestra propia felicidad; que cada uno tenemos una felicidad distinta.

Y después de líneas y líneas sobre derechos y cosas que debemos respetar, que están tachadas, y saltadas, y violadas por muchísimos, habla sobre un tema que nadie puede negar que nunca ha experimentado, los sueños. Hay una frase que dice algo así como: "Los sueños nunca desaparecen siempre que las personas no los abandonen". Creo que los sueños están demasiado sobrevalorados, porque también van unidos a las ilusiones de cada uno y cuando la ilusión se desvanece... no hay nada que hacer.

A mi cada vez me cuesta más escribir lo que siento, quizás me olvidé de escribir, o quizás ya no siento nada. A veces me despierto, me acelero, pensando que durante ese día nada me va a frenar, llena de energía, y no paro, llego a la máxima velocidad y, ¡PAM!, de repente me caigo y se rompen todas las ilusiones de llegar lejos, muy lejos...

Puede que mi felicidad se trate de acelerar sin saber cuando tropezaré, o tal vez se trata de aprender a caminar sin esperar absolutamente nada de nadie.

Porque soñar implica ilusión, porque sin ilusión no hay esperanza y sin esperanza... 
Sin esperanza ya no nos queda nada.

jueves, 10 de octubre de 2013

Diabética emocional

"Hemos dicho que todos los argumentos acerca de la existencia se fundan en la relación causa - efecto. Que nuestro conocimiento de esa relación se deriva totalmente de la experiencia y que todas nuestras conclusiones experimentales se dan a partir del supuesto de que el futuro será como ha sido el pasado."
 David Hume
Pues bien, he aprendido que soy una diabética emocional y que los hombres son para mí como barritas de chocolate: dulces al principio y nocivas al final. Y yo, por mi parte, demasiado romántica para mi propio provecho. Siempre concediendo demasiado crédito a los hombres antes de que hagan algo para merecerlo. Pero ¿sabéis qué?, mi corazón no ha pasado por la trituradora en vano, al menos ha aprendido un par de cosas.

Ha aprendido que cualquier momento es bueno para comenzar, y que ninguno es tan terrible para claudicar.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Aún no me han roto del todo. Atrévete con ese pedazo.

No sé, algunos hemos crecido con la sensación de que nos falta alguien, de que nuestra cama es como un traje que nos viene demasiado grande, y de que las noches son muy largas, y hay demasiadas estrellas para contarlas solos. También que los domingos son muy aburridos sin nadie, y que eso de "lo bueno, si breve, dos veces bueno" no tiene nada que ver con el amor. Nos hemos acostumbrado a tener más ganas de sonreír que motivos para hacerlo. Siempre.

Creo que eso de "mejor solo que mal acompañado" no se aplica a las madrugadas. Se nos están acumulando las excusas para irnos a dormir muy tarde y despertarnos sin ganas de luchar contra el mundo, que siempre gana. Que siempre gana si no hay una persona que pierda a nuestro lado. Entonces ganamos los dos. Será que ya no sabemos hacer las cosas bien, ni llegar a tiempo, ni decir "te quiero" cuando hay que decir "te quiero" y decir "hasta pronto" cuando hay que decir "adiós". Será todo eso acumulado y multiplicado por el hecho de que hace mucho que no sabemos restarle soledad a las horas, que se han acostumbrado a pasar sin que nos demos cuenta...

Estamos demasiado inmersos esperando cualquier señal del destino: una llamada perdida, un mensaje de WhatsApp que nos salve, o a alguien que nos abrace sin pedirnos explicaciones. Qué ironía que haya tanta gente y que nos sintamos tan solos. Algo estaremos haciendo mal. Quizá todo. O quizá es que hace mucho tiempo que nadie nos sabe romper completamente, que siempre quedan un montón de pedazos y que con el tiempo hemos ido sobreviviendo, alimentándonos con lo que encontrábamos entre las ruinas. O quizás es que nos conformamos con la primera "rana" que aparece y así pasa, que das el beso y ¿qué ocurre?, nada. Sigue igual de rana que cuando la encontraste. Hipócritas, amantes de la palabrería barata, actores, cabrones... O cobardes. Será que la gente, en el amor, por no perder, nunca juega. Y eso explicaría por qué tantos y tan solos.

En fin. Yo sólo sé lo que sería bonito: un atardecer, a finales de Octubre, ya no queda mucho; estar con alguien que de verdad "llene", estar los dos, como siempre había soñado, sólo que todo es más real: es real. Y callarnos, está hablando la belleza por nosotros, y dice cosas preciosas. Y me quedo mirándote fijamente, intentando descifrar por qué o cómo has conseguido despejarte de la ecuación del mundo. Diferenciarte. Eclipsar el castaño de mis ojos cuando te veo sonreír. Y nadie sabría decir si el sol está en el centro de la galaxia o es tu sonrisa la que lo atrae todo con la fuerza de la gravedad.

Mi corazón empieza a desvariar, o al menos lo que queda de él. ¿No estaremos en primavera, verdad? Me apetece enamorarme o volver a ser feliz, sin más y que, esta vez, las cosas salgan bien. Dicen que lo mejor del amor es cuando se cruzan dos personas que se han cansado de buscar a alguien y terminan quedándose juntos. Pues yo voy a empezar de cero, desde abajo, poquito a poco, sin prisa. Todo empieza aquí y ahora, supongo, mientras no sé a quién, pero le espero, donde siempre, un poquito como cada noche, con la mirada llena de un montón de cosas por compartir y un paquete de tabaco a mi derecha. Silencios en los que hablar. Páginas en blanco en las que escribir. Y lunares que contar al compás de cualquier insomnio. Todo empieza aquí y ahora. Supongo.

Tengo un montón de razones para volver a querer a alguien. Y otro montón de cicatrices para no creer en el amor. Y a ver qué hago...

No hay invitación de salida

Darte cuenta, te das. Pero sólo hasta que quieres verlo no eres consciente de los hechos.
Hay una frase que me ha marcado, de éstas que no se van ni aunque las olvides. Verdad verdadera, dirían los anuncios de Yoigo. Esa frase dice algo así: "A veces esperamos demasiado de otras personas, sólo porque nosotros estaríamos dispuestos a hacer lo mismo por ellos" y ya para rematar "No trates con prioridad a alguien que te trata sólo como una opción", de todos modos, estas premisas se olvidan cuando hablamos de querer. No se elige a quién querer. Cuando quieres a alguien, lo quieres y punto.
Pero aquí viene otra frase que me ha ido marcando poco a poco estos días y que no he sabido interiorizar hasta hoy: "La gente cambia por dos razones, o aprendió demasiado o sufrió lo suficiente". Y yo, definitivamente, estoy cansada de aprender y de sufrir de manera gratuita.

Soy sumamente predecible hasta para mí. A veces creo firmemente que los grados de alcohol de una copa harán girar algo mi vida, pero apenas cambia ni 15º. Tan absurdo como creer que todos los hombres son iguales. Aquí cada uno se monta su vida con sus faltas de ortografía pertinentes. Nadie tiene el derecho de decirte quién eres o cómo eres por sólo saber tu nombre. Nadie debería tener formados los huevos suficientes para preguntarte por qué eres así, o para echarte de su vida así, sin más, sin darte una mínima oportunidad de conocerte DE VERDAD cuando no sabe cómo eres y no ha dado tiempo suficiente a mostrarlo. Porque no hay que quedarse con los golpes fuertes si no con los detalles. Hay mucho valiente de nombre pero siempre seguido de un cobarde de primer y segundo apellido. Y no lo digo de malas maneras, lo digo con una ligera pincelada de "lástima positiva" al ver que hay personas que no son capaces de mirar más allá y buscar nuevos, atractivos y alternativos caminos. Y no sé cómo diablos se pone un punto y final a un texto escrito a las doce cuarenta y cinco de la noche.

De todas maneras, sólo estoy segura de una cosa. Y es que, a partir de ahora, el mundo va a tener que ponerse mucho más hijo de puta si quiere verme claudicar.

lunes, 7 de octubre de 2013

MM

Jamás deberás sobrepasar los 171 kilómetros por hora si estás a su lado. Es el as de la cafeína, así que ten cuidado. Ni te atrevas a hacer caso a sus luces de neón y menos a sus señales de prevención. Tómatela con hielos, pero nunca en serio. Desequilibrada. Es un intento, como otro cualquiera, de cartografiar sueños, de abrir la jaula a todos los pájaros que tiene en la cabeza. Es lo que nunca se atrevió a decirle a nadie, la parte inservible de su ombligo. No leerá jamás en su vida un libro de instrucciones, así que no intentes que deje su técnica ensayo-error. Con episodios preocupantes de autismo pero controlados. Las multitudes le incomodan tanto como que le miren fijamente a los ojos. Nunca miente, pero recurre siempre al derecho de mantener en silencio sus taquicardias. No vaya a ser que el corazón lata en su contra...

Se reinventa cuando la creen fuera de combate (o perdida). Es su peor enemiga. Siempre lucha contra sí misma aunque la creas pasiva; nunca para de pensar. Impulsiva. No te harás ni una idea de qué se le pasa por la cabeza, así que no te acomodes, porque en tiempo de paz, querrá la guerra, o el amor, a partes iguales. Jamás podría enamorarse de alguien que no sea visceral. Un animal y puro co-razón, o algo así. Que todo surja a lo bestia, porque si algo no es absurdo desde el principio, al final tampoco tendrá sentido.

Todo lo que encuentras en ella es un cajón desordenado. Borde, cabezota, enfadica, pesimista, exagerada, rencorosa, exigente, inconformista... pero puro corazón y una gran sonrisa. A día de hoy sin propósito de cambiar, le pese a quien le pese. Está aquí, está viva y eso es lo que cuenta.

domingo, 6 de octubre de 2013

Nunca es tarde

Madrugada de pensamientos con dos copas de más...

¿Alguna vez te has sentido perdido? ¿Sintiendo que tu vida gira dando vueltas como una noria sin seguir ninguna dirección? ¿Alguna vez te has sentido vacío, insignificante, maltratado por el pensamiento de que todo lo haces mal? ¿Alguna vez has acusado al "karma" de tu mala suerte y te has quedado de brazos cruzados? ¿Alguna vez te han roto el corazón en mil pedazos, has intentado arreglarlo con tiritas, y aparece alguien que las despega una tras otra, poco a poco, otra vez? ¿Alguna vez has sentido que no eres nadie y que nadie merece la pena lo suficiente para ti? Llega un punto en el que nada te llena lo suficiente y te preguntas: ¿ésto es la vida?, y tu cara cambia adoptando un gesto de decepción...

¡Pero que no cunda el pánico! Tranquilos... Esto no es un texto "emo" más; no voy a volver a salpicar el teclado con pensamientos pesimistas. Creo que es hora de cambiar estos pensamientos porque nunca es tarde...

Nunca es tarde para darte cuenta de que quien eres en realidad es todo lo que sientes, todo lo que te hace desbordarte en forma de lágrimas y todo lo que te hace atragantarte en carcajadas. Todo lo que hace que se te erice la piel y todo lo que te hace arder en rabia. Eres todo lo que te rodea: cada bocanada de aire que respiras, cada gota de agua que rueda por tus mejillas y cada rayo de sol que más tarde las secará. Porque las cosas que hacemos sin pensar (o pensándolas mucho) son las que nos definen. Dejemos de engañarnos, de fingir. El pasional jamás conseguirá ser un iceberg por mucho que cohíba sus actos, y el frío jamás podrá sentir. Es así de simple. Y si hay algún iceberg por aquí y lo niegas, mientes. Aunque creas estar bien, estoy segura de que si alguien te abrazara ahora fuerte por la espalda... llorarías.

Nunca es tarde para tomarte tu tiempo y fijar el camino que quieres recorrer y descubrir qué dirección es la que tu vida debe seguir. Supongo que sólo has de buscar aquellas cosas que te aporten el fuego necesario para realizarlo y que iluminen tu travesía. Nunca es tarde para darse cuenta de lo que realmente importa en tu vida y empezar a valorar aquello que hasta ahora no has valorado. De comprender que las pequeñas cosas son las que hacen grande tu vida y disfrutar cada suspiro, cada sensación, cada pensamiento y cada emoción.

Es el momento de resignarse a aceptar que la vida es algo intemporal, efímero y cambiante. Como una estrella fugaz, como un cometa. Es algo enorme quemándose a miles de kilómetros por hora que sólo pasa una vez . Es un tren que corre por los raíles sin pensar ni un sólo instante en detenerse. No puedes permitirte el lujo de perder tiempo en pensar porque estás montado en él ni imaginar en parar ni un sólo segundo. Sólo tienes que disfrutar del viaje, cada centímetro recorrido, cada minuto vivido.

Porque nunca es tarde para cambiar todo aquello que crees que haces mal y de una vez por todas hacerlo bien. No lo intentes; las cosas no se intentan, se hacen. De borrar los errores y cubrirlos con una gruesa capa de motivación. Motivación por ser mejor persona, por actuar con el corazón y sólo así entender el idioma del alma. Motivación por ser más humanos. Sí, HUMANOS. De encontrar la fórmula para llegar a ser la persona en la que queremos convertirnos, saltando obstáculos, esquivando contratiempos y sorteando inconvenientes. De aprender a pedir perdón y a ser perdonado por aquellas personas a las que hiciste daño.

Nunca es tarde para elevar tu voz y hacer algo de ruido. Ruido que salga desde dentro, de lo más profundo de ti , emitiendo una melodía que te de fortaleza y valor para gritar a los cuatro vientos quién eres y cómo eres, sin que nadie pose sus manos en tus labios y ahogue el sonido. ¡GRITA! Mírate con unos ojos diferentes y date cuenta de lo realmente especial y único que puedes llegar a ser, sin importar qué puedan pensar o decir los demás. Tú sabes quién eres. Eso es lo que importa. Y a quien no le guste... puerta. Nunca es tarde para sacar a pasear nuestras virtudes y dejar enjaulados por un momento los defectos; de creer que lo que haces es más grande de lo que piensas y de reducir al máximo la importancia de tus equivocaciones. Las equivocaciones al fin y al cabo nos traen siempre una lección, y si no nos equivocáramos, no aprenderíamos nunca.

Porque nunca es tarde para cerrar cicatrices que se abren sin parar arrancando lágrimas de tus ojos y haciendo gemir amargamente tu corazón. De incinerarse, de morirse por dentro durante un tiempo y resurgir como el ave Fénix de tus propias cenizas. De coger a todas aquellas personas que te hicieron sufrir algún día y todas las cosas que marchitaron tu sonrisa y arrojarlas al fondo del océano. El océano del olvido, donde nunca más volverás a mirar porque la marea los ha arrastrado tan adentro que por mucho que navegues entre sus aguas jamás podrás encontrarlos.

Porque nunca es tarde para averiguar que hasta el día más gris puede tener su momento azul (o naranja en mi caso) si sabemos buscarlo. De ordenar a la comisura de tus labios a estirarse hasta formar una gran sonrisa en los momentos en los que quieres llorar.

Nunca es tarde para aprender a sonreír, a vivir.

viernes, 4 de octubre de 2013

Día mundial de la sonrisa

Ponernos una máscara es la mejor forma de ocultar una emoción. Una sonrisa es a veces la mejor máscara para no mostrar aquello que de verdad sentimos en un momento dado. Se puede sonreír por muchos motivos, de muchas formas, en distintas circunstancias…

Existen sonrisas forzadas, sonrisas burlonas, picaronas, sonrisas temerosas, tristes… y sonrisas sinceras. Las sonrisas sinceras son las que salen de dentro, porque lo sientes, porque sí. En muchas ocasiones salen sin que tú quieras, al recordar un momento, al ver una foto, al escuchar una canción que nos lleva a un momento importante, al nombrar a una persona o al mirar a los ojos a otra. Esa sonrisa que sólo con verla demuestra mil y un sentimientos. Callan bocas e incluso las puede llegar a dejar boquiabiertas. Una sonrisa sincera, una sonrisa desde dentro, llega y llega de una forma especial. Dicen que uno de los mayores placeres es ver como a una persona que realmente quieres se le escapa una sonrisa sincera. Una sonrisa sincera conmueve tanto el corazón del que la muestra como del que la ve.

Pero analicemos la ciencia detrás de una sonrisa. ¿Puede una sonrisa hacernos sentir bien aunque estemos enfrentando momentos de estrés? La respuesta es sí. Sonreír, a pesar de que estemos atravesando un período malo, puede ayudar a reducir la intensidad de la tristeza, independientemente de que la persona se sienta o no feliz. ¿Cómo?

En primer lugar, cuando te ríes, tu cuerpo libera endorfinas. Estas son sustancias químicas del cerebro llamadas neurotransmisores, que nos hacen sentir felices. También son un dolor natural y calmante para el estrés. Por otro lado, la risa reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y nos da un rápido estallido de energía. Una buena carcajada puede ser beneficioso para los pulmones, aumentar la inmunidad, y incluso podría quemar calorías.
Sonreír puede ser producto de estar pensando o sintiendo una emoción positiva y se sabe que en estas emociones están involucradas varias hormonas que reducen el nivel de estrés. Esto muestra que sonreír produce un efecto biológico que te impulsa a hacer cosas positivas tanto para tí mismo como los demás.

Hoy es el día mundial de la sonrisa, así que, al menos por hoy, sonríe más y preocúpate menos.
La sonrisa no cuesta nada y produce mucho. Enriquece a quien la recibe, pero no empobrece a quien la da. No dura más que un instante, pero su recuerdo puede ser inolvidable. Nadie es tan rico que no la necesite, ni tan pobre que no la merezca. Sólo tiene valor en el momento que se da, pero si encontraras alguna vez, quien no te da la sonrisa que esperabas, se generoso y dale la tuya, porque nadie tiene más necesidad de una sonrisa, cómo aquel que no sabe sonreír a los demás.

jueves, 3 de octubre de 2013

Para adentro, que es donde se está mejor

Y veo la gente pasar, y parece que no vayan a ningún sitio, que estén tan perdidos como yo. A lo mejor ellos también se están buscando, sin saberlo, y ansían perder el tiempo junto a alguien, y luego jugar a encontrarlo, de la mano, que creo es la forma más bonita de andar por el mundo.

Y, si reflexiono un poco, quizá esa es la carencia crónica de mi vida, que siempre me he sentido bastante sola, y que a pesar de haber andando por la calle con alguien, ese alguien no conseguía quitarle el sentido a todo lo demás... Miento. Sí que he sentido eso, pero siempre se ha quedado corto o ha terminado desapareciendo.
Supongo que debe de ser bonito, ¿no?. Yo ahora sólo puedo imaginarlo. Cerrar los ojos y sonreír para adentro, como soñar despierto, y hacer como que siento eso por alguien que no existe, pero que me lleva a crear aquella vieja esperanza de que las cosas, tarde o temprano, siempre llegan. Esa vieja esperanza de que en los andenes de la vida siempre termina pasando el tren correcto. El tren, el autobús o el crucero de cada uno.

Así es normal que, antes de mi cambio, cuando conocía a alguien que me incitaba a la locura, y al vértigo; supongo que era normal que lo diera todo, como una desesperada por sentir eso que la gente suele llamar "amor". Pero las cosas ya no son así. Estoy cansada. ¿Amor?... Si me sincero, creo que yo sólo he estado desenamorada. Y unas cuantas veces. 

Pero algunas noches me viene ese miedo de no ser suficiente para nadie. Es como una desesperanza que te nace de dentro y te lleva a trasnochar mientras te comes las uñas; y la cabeza. Es como esa mirada a la distancia, hasta donde ya no ves nada, y quieres perderte allí un rato, porque todo lo que hay aquí... aquí no hay nada. Es como ese incesante "tic, tac, tic, tac" que te recuerda que el punto final se acerca sin que hayas escrito nada. Nada. Papel en blanco, tan triste, que te recuerda que no eres más de lo que eras hace años, cuando tampoco eras demasiado. 

"Deme un billete, por favor, sólo ida", dije, tan decidida a no mirar hacia atrás. "¿Para qué destino, por favor?", preguntó el vendedor, expectante. Y supongo que sonreí sin querer, como aquel que lleva perdido mucho tiempo y, por fin, sabe hacia donde va a dirigirse. "Un billete, sólo ida, para adentro, que es donde se está mejor.".

He aprendido

Después de este tiempo he aprendido la diferencia entre dar la mano y socorrer un alma, y he aprendido que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. He comenzado a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas…. He comenzado a aceptar mis derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto. He aprendido a incinerarme, a morirme por dentro si hace falta. He aprendido a construir hoy todos mis caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene esa maldita costumbre de caer en el vacío. He aprendido a no ilusionarme, de hecho, creo que he asumido, por fin, que no todo tiene que salir siempre como espero.

He aprendido que el sol quema si me expongo demasiado. He aceptado incluso que las personas buenas podrían herirme alguna vez y que necesitaré perdonarlas aunque no vuelva a confiar en ellas de la misma manera. He aprendido que hablar puede aliviar los dolores del alma… He descubierto que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que yo también puedo hacer cosas de las que me arrepentiré el resto de mi vida. He aprendido que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa qué es lo que tengo, sino a quién tengo en la vida, y que los buenos amigos son la familia que me permito elegir; que no tengo que cambiar de amigos, si estoy dispuesta a aceptar que los amigos cambian.

He descubierto que muchas veces tomo a la ligera a las personas a las que más les importo y por eso, gracias a un gran consejo, he decido que a partir de hoy siempre le diré a esas personas que las quiero, porque nunca estaré segura de cuándo será la última vez que las vea. Os quiero.

He aprendido que las circunstancias y el ambiente que me rodea tienen influencia sobre mí, pero yo soy la única responsable de lo que hago. He comenzado a aprender que no me debo comparar con los demás, salvo cuando quiera imitarlos para mejorar. He descubierto que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quiero ser, y que el tiempo es corto. He aprendido que no importa dónde he llegado, sino hacia dónde me dirijo y si en algún momento me vuelvo a perder... cualquier lugar sirve siempre y cuando sonría.

He aprendido que si no controlo mis actos, ellos me controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados. He aprendido que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario cuando era necesario, enfrentando las consecuencias…

He aprendido que la paciencia requiere mucha práctica, demasiada quizás, y que no es una de mis grandes virtudes. He descubierto que algunas veces, la persona que espero que me patee cuando me caigo, tal vez sea una de las pocas que me ayuden a levantarme. O todo lo contrario, quizás la que menos espero que lo haga, me hace besar el suelo, no una, si no varias veces. Porque lo malo no es tropezar con la misma piedra dos veces, lo malo es cogerle cariño a la puta piedra...
Que madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos. He aprendido que hay mucho más de mis padres en mí de lo que suponía.

He aprendido que cuando siento rabia, tengo derecho a tenerla, pero eso no me da el derecho de ser cruel. He descubierto que sólo porque alguien no me ame de la forma que quiero, no significa que no me ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben cómo demostrarlo… No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendré que aprender a perdonarme a mi misma. He aprendido que con la misma severidad con la que juzgo, también seré juzgada y en algún momento condenada. He aprendido que no importa en cuántos pedazos mi corazón se ha partido mil veces, el mundo no se detiene para que lo arregle... nunca.

He aprendido que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debo cultivar mi propio jardín y decorar mi alma, en vez de seguir esperando a que alguien me traiga flores. Entonces y sólo entonces, será cuando realmente me de cuenta lo que puedo soportar; que soy fuerte y que puedo ir mucho mas lejos de lo que pensaba cuando creía que no se podía más.

Y es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla

miércoles, 2 de octubre de 2013

Situación sentimental...

"No quiero dejar pasar todo de nuevo.
¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que no haga nada? Hace 25 años que me pregunto y hace 25 años que me contesto lo mismo: deja, fue otra vida, ya pasó, ya está, no preguntes, no pienses.
Pero no fue otra vida, fue ésta, es ésta.
Ahora quiero entender todo, cómo se hace para vivir una vida vacía, cómo se hace para vivir una vida llena de nada... ¿Cómo se hace?"


¿Qué es el amor verdadero?

Si bien la palabra "amor" parece ser muy difícil de definir, yo pienso que esto se debe a que en esta cultura tratamos de combinar en una sola definición dos aspectos muy opuestos e incluso, según parece, mutuamente excluyentes: la pasión y la estabilidad.
De esta manera, cuanto más decimos sobre el amor, más nos contradecimos, y cuando vemos que un aspecto del amor se suele oponer al otro, nos damos por vencidos, confundidos y frustrados, y decidimos que el amor es demasiado personal, demasiado misterioso y demasiado enigmático para ser analizado con precisión.

Pero... ¡AJÁ! Los griegos eran más listos. Utilizaban palabras distintas, "Eros" y "Agápē", para distinguir estas dos maneras profundamente diferentes de experimentar lo que llamamos "amor".

Eros (en griego Ἔρως), claro está, se refiere al amor apasionado, mientras que Agápē (en griego Àγάπη), describe la relación estable y comprometida, libre de pasión, que existe entre dos individuos que se quieren profundamente.

El contraste entre Eros y Agápē nos permite entender nuestro dilema cuando buscamos ambas clases de amor de una sola vez, en una sola relación con una sola persona. Veamos cómo describirían los defensores de estas dos formas el hecho de estar "enamorado".
  • Eros: El verdadero amor es una pasión incontrolable e inexplicable. La profundidad del amor se mide por la intensidad de la obsesión por el ser amado. Hay poco tiempo y atención para otros intereses o propósitos. A menudo hay que vencer grandes obstáculos y, por lo tanto, en el verdadero amor hay un elemento de sufrimiento. Otro índice de la profundidad del amor es la voluntad de soportar dolor y penurias por el bien de la relación. Al verdadero amor se asocian sentimientos de excitación, embeleso, drama, ansiedad, tensión, misterio y anhelo. 
  • Agape: El verdadero amor consiste en la unión de dos personas que se quieren y que están profundamente comprometidas. Esas personas comparten muchos valores, intereses y objetivos básicos, y toleran de buen grado sus diferencias individuales. La profundidad del amor se mide por la confianza y el respeto mutuos. La relación permite a cada integrante de la pareja ser más plenamente expresivo, creativo y productivo en el mundo. Hay mucha alegría en las experiencias compartidas, pasadas y presentes, al igual que en las venideras. Cada integrante de la pareja ve al otro como su amigo más querido. Al verdadero amor se asocian sentimientos de serenidad, seguridad, devoción, comprensión, compañerismo, apoyo mutuo y bienestar.
Pero... ¿a dónde quiero llegar con todo esto?

Pues bien, el amor apasionado, Eros, es lo que en general siente la mujer que ama demasiado por el hombre que es imposible. Es más, el hecho de que haya tanta pasión se debe a que él es imposible. Para que exista la pasión, es necesario que haya una lucha continua, obstáculos que superar, un anhelo por más de lo que se dispone. Pasión significa literalmente sufrimiento, y a menudo sucede que cuanto mayor es el sufrimiento, más profunda es la pasión. La excitante intensidad de un romance apasionado no puede ser igualada por el solaz más benigno de una relación estable y comprometida, de modo que si la mujer al fin recibiera del objeto de su pasión lo que tan ardientemente ha deseado, el sufrimiento desaparecería y la pasión pronto se consumiría. Entonces, quizás, ella se diría que "ya no está enamorada", porque ya no tendría ese dolor agridulce... Curioso, ¿verdad?

Somos imbéciles, sí.
La sociedad en que vivimos y la constante presencia de los medios de comunicación que nos rodean y saturan nuestra conciencia confunden constantemente las dos clases de amor. Nos prometen de mil maneras que una relación apasionada (Eros) nos traerá plenitud y satisfacción (Agápē ). Esto sugeriría que con una pasión suficientemente grande se forjará una unión duradera.
Pero que no nos engañen... Todas las relaciones fracasadas que se basaron inicialmente en una inmensa pasión pueden atestiguar que esa premisa es FALSA. La frustración, el sufrimiento y el anhelo no contribuyen a una relación estable, duradera y sana, aunque sí hay factores que contribuyen poderosamente a una relación apasionada.

¡Abramos los ojos! Hacen falta intereses comunes, valores y objetivos comunes, y capacidad para una intimidad profunda y duradera si se desea que el encantamiento erótico inicial de una pareja a la larga se transforme en una devoción afectuosa y comprometida que soporte el paso del tiempo...

Pero tranquilos... no todo está perdido... Si se superaran los obstáculos que les impiden estar juntos se forjaría un compromiso genuino... ¿Genial, no? Pero... sería probable que llegase un momento en que esas dos personas se miraran y se preguntaran "¿Dónde se ha ido la pasión?". Si, se sentirían seguros, cálidos y afectuosos el uno hacia el otro, pero también tendrían la sensación de "sentirse estafados" porque ya no arden de deseo mutuo.

La conclusión a la que llego es que el precio que pagamos por la pasión es el miedo, y ese mismo dolor y ese mismo miedo que alimentan al amor apasionado también pueden destruirlo.
Por otro lado, el precio que pagamos por un compromiso estable es el aburrimiento, pero la misma seguridad y la misma solidez que cimentan una relación así también pueden hacerla rígida y sin vida...

¿Y tú? ¿Qué precio estás dispuesto a pagar por mantener el amor verdadero?

martes, 1 de octubre de 2013

Sufrir... ¡qué invento!

Y es una verdadera PUTADA. Hago de mínimos la felicidad absoluta. A veces pienso que eso de escribir sobre cada sensación que tengo o sobre mis "historias" me va trastocar por las películas que me invento y que luego me creo... y está claro, que si no pasan, me desilusionan.
Por ello, después de meditarlo durante unos días, he decidido que a nadie le interesan mis desastres amorosos o lo desequilibrada que esté un día. Simplemente necesito escribir y que me lea quien quiera; por todo esto y mucho más, reabro el Blog (sí, éste que tenía taaaan abandonado).

Y ahora, vuelta a la rutina, a mis textos, a mis "filosofadas"...

Lo confieso. Tengo un problema, y estoy en el tercer paso para superarlo: La aceptación. Acepto que en cuanto conozco a alguien le someto al mayor estadio de idealización, y a medida que le voy conociendo y haciéndole más humano, se cae de ese pedestal en el que le he colocado, y llego a creer que me ha defraudado. ¿Pero defraudar, por qué? Si ni siquiera antes le conocía. Pocas personas que he idealizado en un principio siguen siendo como eran, creo que ninguna, pero no importa porque no he dejado de quererlas en ningún momento. Repito, es un problema MÍO, no de los demás.

También me pasa cuando sé que algo puede pasar, y preparo todo. Bueno, me corrijo, no es que lo prepare, es que, inconscientemente mi cabeza me juega la mala pasada de que se me amontonen multitud de escenas y palabras para que me deleite y me enamore antes de que ocurra... ¿el qué? Pues como siempre NADA.

Hace muy poco que he dejado de creer en las no-casualidad, en eso del destino, y me alegro, porque no hay nada más pasivo que esperar a esa buena suerte que NO EXISTE. Las casualidades "hay que crearlas" como diría un amigo mío, y "hay que echarle huevos", como digo yo (vaya frase más poco estética, ahora que lo pienso), porque si no, como diría Calamaro: "La buena fortuna pasa de largo".

Porque si decides irte a la derecha, ya no irás hacia la izquierda aunque rectifiques después. Ya, suena lógico, pero retroceder y arrepentirse no te lleva a empezar la misma partida. No hay dos consecuencias iguales, ni todos los caminos llevan a Roma. Si no podemos no comunicar, tampoco podemos elegir no elegir.

Como he dicho antes, ya no creo en el destino ni nada de eso que dicen que nada es casualidad; todas esas gilipolleces son sólo un invento o una simple excusa, para no decir que estás acojonado de que nadie tenga preparada una vida para ti. ¡Pero que nadie se alarme! Hay palomitas para todos (y hasta coca-cola) para ver cómo la vida te jode si le da, y si no le da, ya lo harás tú por ella. Porque otra cosa no, pero si hay algo que le guste al ser humano es sufrir... Pero que no nos culpen por ello, porque a estas alturas, es preferible sufrir y sentir que estás vivo (o vacío) A NO PODER SENTIR NADA EN ABSOLUTO.

MM ha vuelto. No sé con cuál de sus tres personalidades, pero esta vez para quedarse.