miércoles, 9 de octubre de 2013

Aún no me han roto del todo. Atrévete con ese pedazo.

No sé, algunos hemos crecido con la sensación de que nos falta alguien, de que nuestra cama es como un traje que nos viene demasiado grande, y de que las noches son muy largas, y hay demasiadas estrellas para contarlas solos. También que los domingos son muy aburridos sin nadie, y que eso de "lo bueno, si breve, dos veces bueno" no tiene nada que ver con el amor. Nos hemos acostumbrado a tener más ganas de sonreír que motivos para hacerlo. Siempre.

Creo que eso de "mejor solo que mal acompañado" no se aplica a las madrugadas. Se nos están acumulando las excusas para irnos a dormir muy tarde y despertarnos sin ganas de luchar contra el mundo, que siempre gana. Que siempre gana si no hay una persona que pierda a nuestro lado. Entonces ganamos los dos. Será que ya no sabemos hacer las cosas bien, ni llegar a tiempo, ni decir "te quiero" cuando hay que decir "te quiero" y decir "hasta pronto" cuando hay que decir "adiós". Será todo eso acumulado y multiplicado por el hecho de que hace mucho que no sabemos restarle soledad a las horas, que se han acostumbrado a pasar sin que nos demos cuenta...

Estamos demasiado inmersos esperando cualquier señal del destino: una llamada perdida, un mensaje de WhatsApp que nos salve, o a alguien que nos abrace sin pedirnos explicaciones. Qué ironía que haya tanta gente y que nos sintamos tan solos. Algo estaremos haciendo mal. Quizá todo. O quizá es que hace mucho tiempo que nadie nos sabe romper completamente, que siempre quedan un montón de pedazos y que con el tiempo hemos ido sobreviviendo, alimentándonos con lo que encontrábamos entre las ruinas. O quizás es que nos conformamos con la primera "rana" que aparece y así pasa, que das el beso y ¿qué ocurre?, nada. Sigue igual de rana que cuando la encontraste. Hipócritas, amantes de la palabrería barata, actores, cabrones... O cobardes. Será que la gente, en el amor, por no perder, nunca juega. Y eso explicaría por qué tantos y tan solos.

En fin. Yo sólo sé lo que sería bonito: un atardecer, a finales de Octubre, ya no queda mucho; estar con alguien que de verdad "llene", estar los dos, como siempre había soñado, sólo que todo es más real: es real. Y callarnos, está hablando la belleza por nosotros, y dice cosas preciosas. Y me quedo mirándote fijamente, intentando descifrar por qué o cómo has conseguido despejarte de la ecuación del mundo. Diferenciarte. Eclipsar el castaño de mis ojos cuando te veo sonreír. Y nadie sabría decir si el sol está en el centro de la galaxia o es tu sonrisa la que lo atrae todo con la fuerza de la gravedad.

Mi corazón empieza a desvariar, o al menos lo que queda de él. ¿No estaremos en primavera, verdad? Me apetece enamorarme o volver a ser feliz, sin más y que, esta vez, las cosas salgan bien. Dicen que lo mejor del amor es cuando se cruzan dos personas que se han cansado de buscar a alguien y terminan quedándose juntos. Pues yo voy a empezar de cero, desde abajo, poquito a poco, sin prisa. Todo empieza aquí y ahora, supongo, mientras no sé a quién, pero le espero, donde siempre, un poquito como cada noche, con la mirada llena de un montón de cosas por compartir y un paquete de tabaco a mi derecha. Silencios en los que hablar. Páginas en blanco en las que escribir. Y lunares que contar al compás de cualquier insomnio. Todo empieza aquí y ahora. Supongo.

Tengo un montón de razones para volver a querer a alguien. Y otro montón de cicatrices para no creer en el amor. Y a ver qué hago...

No hay comentarios:

Publicar un comentario