domingo, 13 de octubre de 2013

Términos y condiciones de uso

La gente va desapareciendo, ¿sabéis?, pero en eso no hay nada que hacer. No podemos cambiar las reglas en un mundo que ni siquiera hemos creado. De hecho, es lo primero que aceptamos al nacer; marcamos la casilla de "He leído las condiciones y términos de uso", pero que va. Nadie las lee, ni siquiera las aceptamos, esas reglas que vienen implantadas por naturaleza...

Una de las reglas habla sobre el amor. Dice que no hay ni tenemos porqué tener ese gran amor de nuestra vida, ni medias naranjas, ni limones, ni mandarinas. Que no tiene porqué haber esa persona que esté dispuesta a querernos y a apoyarnos contra viento y marea. Que no es malo tropezarse con una piedra, lo peor es cogerle cariño a la dichosa piedra...

Hay otra regla que habla sobre el talento. Dice que no sirve de nada el talento sin disciplina. Que trabajes, que trabajes y que te mates a trabajar. Sólo tú decides si sigues o si te caes al suelo. Que no existe la palabra fracaso. Que sólo existe aprendizaje y éxito.

Otra regla habla sobre la felicidad. Nos viene a dejar entender que la felicidad no es una meta, que no es el final de un camino, si no todo el recorrido que hemos hecho para llegar hasta nuestra propia felicidad; que cada uno tenemos una felicidad distinta.

Y después de líneas y líneas sobre derechos y cosas que debemos respetar, que están tachadas, y saltadas, y violadas por muchísimos, habla sobre un tema que nadie puede negar que nunca ha experimentado, los sueños. Hay una frase que dice algo así como: "Los sueños nunca desaparecen siempre que las personas no los abandonen". Creo que los sueños están demasiado sobrevalorados, porque también van unidos a las ilusiones de cada uno y cuando la ilusión se desvanece... no hay nada que hacer.

A mi cada vez me cuesta más escribir lo que siento, quizás me olvidé de escribir, o quizás ya no siento nada. A veces me despierto, me acelero, pensando que durante ese día nada me va a frenar, llena de energía, y no paro, llego a la máxima velocidad y, ¡PAM!, de repente me caigo y se rompen todas las ilusiones de llegar lejos, muy lejos...

Puede que mi felicidad se trate de acelerar sin saber cuando tropezaré, o tal vez se trata de aprender a caminar sin esperar absolutamente nada de nadie.

Porque soñar implica ilusión, porque sin ilusión no hay esperanza y sin esperanza... 
Sin esperanza ya no nos queda nada.

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