miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Qué es el amor verdadero?

Si bien la palabra "amor" parece ser muy difícil de definir, yo pienso que esto se debe a que en esta cultura tratamos de combinar en una sola definición dos aspectos muy opuestos e incluso, según parece, mutuamente excluyentes: la pasión y la estabilidad.
De esta manera, cuanto más decimos sobre el amor, más nos contradecimos, y cuando vemos que un aspecto del amor se suele oponer al otro, nos damos por vencidos, confundidos y frustrados, y decidimos que el amor es demasiado personal, demasiado misterioso y demasiado enigmático para ser analizado con precisión.

Pero... ¡AJÁ! Los griegos eran más listos. Utilizaban palabras distintas, "Eros" y "Agápē", para distinguir estas dos maneras profundamente diferentes de experimentar lo que llamamos "amor".

Eros (en griego Ἔρως), claro está, se refiere al amor apasionado, mientras que Agápē (en griego Àγάπη), describe la relación estable y comprometida, libre de pasión, que existe entre dos individuos que se quieren profundamente.

El contraste entre Eros y Agápē nos permite entender nuestro dilema cuando buscamos ambas clases de amor de una sola vez, en una sola relación con una sola persona. Veamos cómo describirían los defensores de estas dos formas el hecho de estar "enamorado".
  • Eros: El verdadero amor es una pasión incontrolable e inexplicable. La profundidad del amor se mide por la intensidad de la obsesión por el ser amado. Hay poco tiempo y atención para otros intereses o propósitos. A menudo hay que vencer grandes obstáculos y, por lo tanto, en el verdadero amor hay un elemento de sufrimiento. Otro índice de la profundidad del amor es la voluntad de soportar dolor y penurias por el bien de la relación. Al verdadero amor se asocian sentimientos de excitación, embeleso, drama, ansiedad, tensión, misterio y anhelo. 
  • Agape: El verdadero amor consiste en la unión de dos personas que se quieren y que están profundamente comprometidas. Esas personas comparten muchos valores, intereses y objetivos básicos, y toleran de buen grado sus diferencias individuales. La profundidad del amor se mide por la confianza y el respeto mutuos. La relación permite a cada integrante de la pareja ser más plenamente expresivo, creativo y productivo en el mundo. Hay mucha alegría en las experiencias compartidas, pasadas y presentes, al igual que en las venideras. Cada integrante de la pareja ve al otro como su amigo más querido. Al verdadero amor se asocian sentimientos de serenidad, seguridad, devoción, comprensión, compañerismo, apoyo mutuo y bienestar.
Pero... ¿a dónde quiero llegar con todo esto?

Pues bien, el amor apasionado, Eros, es lo que en general siente la mujer que ama demasiado por el hombre que es imposible. Es más, el hecho de que haya tanta pasión se debe a que él es imposible. Para que exista la pasión, es necesario que haya una lucha continua, obstáculos que superar, un anhelo por más de lo que se dispone. Pasión significa literalmente sufrimiento, y a menudo sucede que cuanto mayor es el sufrimiento, más profunda es la pasión. La excitante intensidad de un romance apasionado no puede ser igualada por el solaz más benigno de una relación estable y comprometida, de modo que si la mujer al fin recibiera del objeto de su pasión lo que tan ardientemente ha deseado, el sufrimiento desaparecería y la pasión pronto se consumiría. Entonces, quizás, ella se diría que "ya no está enamorada", porque ya no tendría ese dolor agridulce... Curioso, ¿verdad?

Somos imbéciles, sí.
La sociedad en que vivimos y la constante presencia de los medios de comunicación que nos rodean y saturan nuestra conciencia confunden constantemente las dos clases de amor. Nos prometen de mil maneras que una relación apasionada (Eros) nos traerá plenitud y satisfacción (Agápē ). Esto sugeriría que con una pasión suficientemente grande se forjará una unión duradera.
Pero que no nos engañen... Todas las relaciones fracasadas que se basaron inicialmente en una inmensa pasión pueden atestiguar que esa premisa es FALSA. La frustración, el sufrimiento y el anhelo no contribuyen a una relación estable, duradera y sana, aunque sí hay factores que contribuyen poderosamente a una relación apasionada.

¡Abramos los ojos! Hacen falta intereses comunes, valores y objetivos comunes, y capacidad para una intimidad profunda y duradera si se desea que el encantamiento erótico inicial de una pareja a la larga se transforme en una devoción afectuosa y comprometida que soporte el paso del tiempo...

Pero tranquilos... no todo está perdido... Si se superaran los obstáculos que les impiden estar juntos se forjaría un compromiso genuino... ¿Genial, no? Pero... sería probable que llegase un momento en que esas dos personas se miraran y se preguntaran "¿Dónde se ha ido la pasión?". Si, se sentirían seguros, cálidos y afectuosos el uno hacia el otro, pero también tendrían la sensación de "sentirse estafados" porque ya no arden de deseo mutuo.

La conclusión a la que llego es que el precio que pagamos por la pasión es el miedo, y ese mismo dolor y ese mismo miedo que alimentan al amor apasionado también pueden destruirlo.
Por otro lado, el precio que pagamos por un compromiso estable es el aburrimiento, pero la misma seguridad y la misma solidez que cimentan una relación así también pueden hacerla rígida y sin vida...

¿Y tú? ¿Qué precio estás dispuesto a pagar por mantener el amor verdadero?

No hay comentarios:

Publicar un comentario