Madrugada de pensamientos con dos copas de más...
¿Alguna vez te has sentido perdido? ¿Sintiendo que tu vida gira dando vueltas como una noria sin seguir ninguna dirección? ¿Alguna vez te has sentido vacío, insignificante, maltratado por el pensamiento de que todo lo haces mal? ¿Alguna vez has acusado al "karma" de tu mala suerte y te has quedado de brazos cruzados? ¿Alguna vez te han roto el corazón en mil pedazos, has intentado arreglarlo con tiritas, y aparece alguien que las despega una tras otra, poco a poco, otra vez? ¿Alguna vez has sentido que no eres nadie y que nadie merece la pena lo suficiente para ti? Llega un punto en el que nada te llena lo suficiente y te preguntas: ¿ésto es la vida?, y tu cara cambia adoptando un gesto de decepción...
¡Pero que no cunda el pánico! Tranquilos... Esto no es un texto "emo" más; no voy a volver a salpicar el teclado con pensamientos pesimistas. Creo que es hora de cambiar estos pensamientos porque nunca es tarde...
Nunca es tarde para darte cuenta de que quien eres en realidad es todo lo que sientes, todo lo que te hace desbordarte en forma de lágrimas y todo lo que te hace atragantarte en carcajadas. Todo lo que hace que se te erice la piel y todo lo que te hace arder en rabia. Eres todo lo que te rodea: cada bocanada de aire que respiras, cada gota de agua que rueda por tus mejillas y cada rayo de sol que más tarde las secará. Porque las cosas que hacemos sin pensar (o pensándolas mucho) son las que nos definen. Dejemos de engañarnos, de fingir. El pasional jamás conseguirá ser un iceberg por mucho que cohíba sus actos, y el frío jamás podrá sentir. Es así de simple. Y si hay algún iceberg por aquí y lo niegas, mientes. Aunque creas estar bien, estoy segura de que si alguien te abrazara ahora fuerte por la espalda... llorarías.
Nunca es tarde para tomarte tu tiempo y fijar el camino que quieres recorrer y descubrir qué dirección es la que tu vida debe seguir. Supongo que sólo has de buscar aquellas cosas que te aporten el fuego necesario para realizarlo y que iluminen tu travesía. Nunca es tarde para darse cuenta de lo que realmente importa en tu vida y empezar a valorar aquello que hasta ahora no has valorado. De comprender que las pequeñas cosas son las que hacen grande tu vida y disfrutar cada suspiro, cada sensación, cada pensamiento y cada emoción.
Es el momento de resignarse a aceptar que la vida es algo intemporal, efímero y cambiante. Como una estrella fugaz, como un cometa. Es algo enorme quemándose a miles de kilómetros por hora que sólo pasa una vez . Es un tren que corre por los raíles sin pensar ni un sólo instante en detenerse. No puedes permitirte el lujo de perder tiempo en pensar porque estás montado en él ni imaginar en parar ni un sólo segundo. Sólo tienes que disfrutar del viaje, cada centímetro recorrido, cada minuto vivido.
Porque nunca es tarde para cambiar todo aquello que crees que haces mal y de una vez por todas hacerlo bien. No lo intentes; las cosas no se intentan, se hacen. De borrar los errores y cubrirlos con una gruesa capa de motivación. Motivación por ser mejor persona, por actuar con el corazón y sólo así entender el idioma del alma. Motivación por ser más humanos. Sí, HUMANOS. De encontrar la fórmula para llegar a ser la persona en la que queremos convertirnos, saltando obstáculos, esquivando contratiempos y sorteando inconvenientes. De aprender a pedir perdón y a ser perdonado por aquellas personas a las que hiciste daño.
Nunca es tarde para elevar tu voz y hacer algo de ruido. Ruido que salga desde dentro, de lo más profundo de ti , emitiendo una melodía que te de fortaleza y valor para gritar a los cuatro vientos quién eres y cómo eres, sin que nadie pose sus manos en tus labios y ahogue el sonido. ¡GRITA! Mírate con unos ojos diferentes y date cuenta de lo realmente especial y único que puedes llegar a ser, sin importar qué puedan pensar o decir los demás. Tú sabes quién eres. Eso es lo que importa. Y a quien no le guste... puerta. Nunca es tarde para sacar a pasear nuestras virtudes y dejar enjaulados por un momento los defectos; de creer que lo que haces es más grande de lo que piensas y de reducir al máximo la importancia de tus equivocaciones. Las equivocaciones al fin y al cabo nos traen siempre una lección, y si no nos equivocáramos, no aprenderíamos nunca.
Porque nunca es tarde para cerrar cicatrices que se abren sin parar arrancando lágrimas de tus ojos y haciendo gemir amargamente tu corazón. De incinerarse, de morirse por dentro durante un tiempo y resurgir como el ave Fénix de tus propias cenizas. De coger a todas aquellas personas que te hicieron sufrir algún día y todas las cosas que marchitaron tu sonrisa y arrojarlas al fondo del océano. El océano del olvido, donde nunca más volverás a mirar porque la marea los ha arrastrado tan adentro que por mucho que navegues entre sus aguas jamás podrás encontrarlos.
Porque nunca es tarde para averiguar que hasta el día más gris puede tener su momento azul (o naranja en mi caso) si sabemos buscarlo. De ordenar a la comisura de tus labios a estirarse hasta formar una gran sonrisa en los momentos en los que quieres llorar.
Nunca es tarde para aprender a sonreír, a vivir.
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