jueves, 17 de octubre de 2013

¿Por qué follamigo, por qué?

1. Eres soltero: No tienes pareja estable, realmente ni estable ni inestable, directamente no tienes pareja. Salvo que seas un pillador nato, una rompecorazones o un crack del ligue, seguramente pasarás más de tres, cuatro... o más fines de semana, en el peor de los casos, meses, sin compartir cama con alguien del sexo opuesto o de tu mismo sexo. Tu día a día como soltero lo llevas con excelente maestría, estás orgulloso de tu brillante soltería. Pero ¡ay!, cuando llega el fin de semana, la noche, cuando todos los gatos son pardos, ese ansiado y deseadísimo Friday o Saturday night... eso ya es otro cantar. Ya no te hace tanta gracia ser el soltero o la soltera de oro. Entre otras cosas, ¡no eres Tony Manero!

2. Un calentón que quieres apagar: Esa noche sales pensando que de esa noche no pasa, que hoy pillas fijo. Quedas con tus amigas, con tus colegas, dispuesto a triunfar como la Coca Cola. Como un estratega del ligue, recorres el garito con tu mirada felina y el radar pilla cacho activado. Los cuatro puntos cardinales controlados, una "puti-vuelta" en el caso de ellas, una "ronda guarra" en el caso de ellos para hacer una prospección del terreno, tanteando el garito, viendo tus posibilidades y analizando a la competencia, buscando si eres el tipo más atractivo y simpático del bar o la tía con más tetas y mejor culo.

Una vez decidido el objetivo, intentas pillar con esa/ese en quien has puesto el ojo y la bala, los tanques y la US Army al completo. Pa'fuera telarañas, que de esta noche NO pasa. Desgraciadamente, y una vez más, tu objetivo en cuestión... pasa de ti. Un chupito, otra copa, otro baile, intentas estirar la noche. Pasan las horas y ves que tu objetivo está cada vez más lejos, se ha decantado por otro/a o ha abandonado el garito. Huele a tragedia, a seguir pasando la mano por la pared, a no pillar ni un constipado, a no comerte ni un colín. Suma un día más a tu tristísima y paupérrima vida sexual.

3. Tus hormonas empiezan a traicionarte: Tu calentón cada vez es más intenso y evidente... y el maldito reloj marca las siete de la mañana. Que ligues ahora es ciertamente misión imposible. Es una hora clave, a esas horas tienes dos opciones. La primera es seguir intentándolo. Seguramente tu estado etílico será considerable y tu estado físico, mental y verbal lamentables, a lo que se suma que tu capacidad de resolución sexual seguramente sea igualmente nula.

Estás en un estado de alarma, un estado de sitio, un SOS en toda regla. ¿Cuál es la segunda opción? Aquí es cuando entra en escena el motivo de mi análisis, el follamigo.

Una llamada picante, sugerente y disfrazada de ingenuidad, así como "quien no quiere la cosa". Desesperado/a cruzas los dedos para que tu follamigo escuche tu llamada de ¡EMERGENCIA! ¡¡BINGO!! Descuelga el teléfono, y si ha corrido la misma suerte que tú, o mejor dicho la misma mala suerte, estará 100% disponible, y como un roto para un descosido, como Zipi y Zape, como Pin y Pon, como los amantes de Teruel os iréis felizmente de la mano a la cama.

Teniendo en cuenta la hora y tu/su/vuestro estado etílico, es muy probable que el polvo no sea lo que esperabas, ni de lejos. Es más, de hecho es más que probable que el polvo sea nefasto, pero... ¿quién dijo que el sexo con un follamigo fuera perfecto?

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