Y veo la gente pasar, y parece que no vayan a ningún sitio, que estén tan perdidos como yo. A lo mejor ellos también se están buscando, sin saberlo, y ansían perder el tiempo junto a alguien, y luego jugar a encontrarlo, de la mano, que creo es la forma más bonita de andar por el mundo.
Y, si reflexiono un poco, quizá esa es la carencia crónica de mi vida, que siempre me he sentido bastante sola, y que a pesar de haber andando por la calle con alguien, ese alguien no conseguía quitarle el sentido a todo lo demás... Miento. Sí que he sentido eso, pero siempre se ha quedado corto o ha terminado desapareciendo.
Supongo que debe de ser bonito, ¿no?. Yo ahora sólo puedo imaginarlo. Cerrar los ojos y sonreír para adentro, como soñar despierto, y hacer como que siento eso por alguien que no existe, pero que me lleva a crear aquella vieja esperanza de que las cosas, tarde o temprano, siempre llegan. Esa vieja esperanza de que en los andenes de la vida siempre termina pasando el tren correcto. El tren, el autobús o el crucero de cada uno.
Así es normal que, antes de mi cambio, cuando conocía a alguien que me incitaba a la locura, y al vértigo; supongo que era normal que lo diera todo, como una desesperada por sentir eso que la gente suele llamar "amor". Pero las cosas ya no son así. Estoy cansada. ¿Amor?... Si me sincero, creo que yo sólo he estado desenamorada. Y unas cuantas veces.
Pero algunas noches me viene ese miedo de no ser suficiente para nadie. Es como una desesperanza que te nace de dentro y te lleva a trasnochar mientras te comes las uñas; y la cabeza. Es como esa mirada a la distancia, hasta donde ya no ves nada, y quieres perderte allí un rato, porque todo lo que hay aquí... aquí no hay nada. Es como ese incesante "tic, tac, tic, tac" que te recuerda que el punto final se acerca sin que hayas escrito nada. Nada. Papel en blanco, tan triste, que te recuerda que no eres más de lo que eras hace años, cuando tampoco eras demasiado.
"Deme un billete, por favor, sólo ida", dije, tan decidida a no mirar hacia atrás. "¿Para qué destino, por favor?", preguntó el vendedor, expectante. Y supongo que sonreí sin querer, como aquel que lleva perdido mucho tiempo y, por fin, sabe hacia donde va a dirigirse. "Un billete, sólo ida, para adentro, que es donde se está mejor.".
No hay comentarios:
Publicar un comentario