lunes, 7 de octubre de 2013

MM

Jamás deberás sobrepasar los 171 kilómetros por hora si estás a su lado. Es el as de la cafeína, así que ten cuidado. Ni te atrevas a hacer caso a sus luces de neón y menos a sus señales de prevención. Tómatela con hielos, pero nunca en serio. Desequilibrada. Es un intento, como otro cualquiera, de cartografiar sueños, de abrir la jaula a todos los pájaros que tiene en la cabeza. Es lo que nunca se atrevió a decirle a nadie, la parte inservible de su ombligo. No leerá jamás en su vida un libro de instrucciones, así que no intentes que deje su técnica ensayo-error. Con episodios preocupantes de autismo pero controlados. Las multitudes le incomodan tanto como que le miren fijamente a los ojos. Nunca miente, pero recurre siempre al derecho de mantener en silencio sus taquicardias. No vaya a ser que el corazón lata en su contra...

Se reinventa cuando la creen fuera de combate (o perdida). Es su peor enemiga. Siempre lucha contra sí misma aunque la creas pasiva; nunca para de pensar. Impulsiva. No te harás ni una idea de qué se le pasa por la cabeza, así que no te acomodes, porque en tiempo de paz, querrá la guerra, o el amor, a partes iguales. Jamás podría enamorarse de alguien que no sea visceral. Un animal y puro co-razón, o algo así. Que todo surja a lo bestia, porque si algo no es absurdo desde el principio, al final tampoco tendrá sentido.

Todo lo que encuentras en ella es un cajón desordenado. Borde, cabezota, enfadica, pesimista, exagerada, rencorosa, exigente, inconformista... pero puro corazón y una gran sonrisa. A día de hoy sin propósito de cambiar, le pese a quien le pese. Está aquí, está viva y eso es lo que cuenta.

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